
Me voy quedando sin palabras. Me agota la imposibilidad de comunicarme con la gente, como si hablara un idioma extraño que nadie entendiera. Y las conversaciones se convierten en un repetir constante de las mismas palabras creyendo que no es que no entiendan sino que no escuchan. Pero las palabras rebotan en un muro de cristal… una y otra vez…, convirtiéndose en simples ruidos carentes de significado.
Resulta paradójico que aquellas personas que no hablan mi idioma sean, a la vez, las que mejor me entiendan. Mientras que aquellas con las que comparto lenguaje, son incapaces de comprender lo que intento explicarles constantemente. Alguien me dijo que las palabras separan y empiezo a comprobar que es cierto.
Eugène Ionesco hablaba de la tragedia del lenguaje, “Más tarde, estas verdades elementales y sensatas se habían vuelto descabelladas, el lenguaje se había desarticulado, los personajes se habían descompuesto; la palabra absurda se había vaciado de su contenido y todo acababa en una pelea cuyos motivos era imposible conocer, pues mis héroes se lanzaban no ya réplicas, ni siquiera fragmentos de proposiciones, ni palabras, sino sílabas, o consonantes, ¡o vocales! ...”. El lenguaje ya no es un medio a través del cual entendernos sino un constante ir y venir de clichés, frases hechas sin ningún sentido, sonidos que no dicen nada.
Resulta paradójico que aquellas personas que no hablan mi idioma sean, a la vez, las que mejor me entiendan. Mientras que aquellas con las que comparto lenguaje, son incapaces de comprender lo que intento explicarles constantemente. Alguien me dijo que las palabras separan y empiezo a comprobar que es cierto.
Eugène Ionesco hablaba de la tragedia del lenguaje, “Más tarde, estas verdades elementales y sensatas se habían vuelto descabelladas, el lenguaje se había desarticulado, los personajes se habían descompuesto; la palabra absurda se había vaciado de su contenido y todo acababa en una pelea cuyos motivos era imposible conocer, pues mis héroes se lanzaban no ya réplicas, ni siquiera fragmentos de proposiciones, ni palabras, sino sílabas, o consonantes, ¡o vocales! ...”. El lenguaje ya no es un medio a través del cual entendernos sino un constante ir y venir de clichés, frases hechas sin ningún sentido, sonidos que no dicen nada.

