domingo, 29 de abril de 2007

¡Tan lejos, tan cerca!


“La luz de tu cuerpo es tu mirada. Si tu mirada es pura, todo tu cuerpo se inundará de luz. Si tu mirada es maligna, todo tu cuerpo quedará en tinieblas” San Mateo 6.22

Esta película de Wim Wenders es una auténtica obra de poesía que refleja la situación de Berlín después de la caída del muro.

En esta película, Wenders retoma a los personajes de Cielo sobre Berlín. Dos ángeles sobrevuelan Berlín observando a los hombres. Uno de ellos, Cassiel, está cansado de ser mero observador y no poder intervenir. Los hombres se han olvidado de ellos, viven encerrados en un mundo de pisos, dinero y propiedades que les impide ver más allá de lo que ven sus ojos. “La gente cree que ha conquistado de verdad el mundo, pero es el mundo el que ha conquistado a la gente". La vida nos supone un gran esfuerzo. Cassiel no nos entiende, no comprende nuestra forma de ver las cosas y cree que lo que los humanos necesitamos es un rayo de luz que nos ilumine. Para eso, decide bajar a la tierra y ser un hombre más, para entender por qué vemos el mundo así y para verlo con nuestros ojos.


Cassiel sufrirá el dolor, la decadencia, el dolor de la vida, la soledad, la fugacidad del tiempo... “¿Por qué no puedo ser bueno?”, ¿por qué me cuesta tanto hacer las cosas bien? Descubrirá que hacer las cosas bien no es tan fácil. Se acostumbrará a creer en lo que ve, y dejará de sentir cerca a su ángel compañero. Se sentirá solo en un mundo dónde las personas no se preocupan por preguntar a la gente, no se adentran en los corazones de los demás, porque están demasiado ocupados en su mundo.

Pero también nos entenderá y verá la vida con nuestros ojos.

“Nos imagináis lejos y sin embargo estamos tan cerca”.

1 comentario:

Ulises dijo...

El tiempo, la vida, incluso nuestros sentimientos... todo ello se nos muestra como factores tan importantes y tan desconocidos, que seríamos incapaces de reconocerlos ni siquiera cuando nos mordiesen la nariz. Empeñados en buscar fuera el sentido de todo ello Wenders nos cuenta que estamos ciegos por los destellos del neón y el brillo del oro de nuestra sociedad, y que hallar el porqué de todo ello debe de pasar, sin duda, por pararnos a reflexionar, por detenernos a escuchar las voces de esos ángeles que nos rodean a diario (que no son mas que las nuestras mismas en un tono distinto), por recordar aún en el albor de nuestra muerte los momentos realmente preciosos de unas vidas demasiado manidas por el ir y venir de este mundo. Y tal vez así consigamos, aunque sea al final de la función, ser como realmente deseamos, actuar como nos lo pide el interior y tener el valor de llevar a cabo esos pequeños actos que dan sentido a que estemos aquí, respirando, amando y, en fin, paseándonos entre toda esta gente que nos parece que está tan lejos...
... y que en realidad está tan cerca.