miércoles, 4 de julio de 2007

Tres colores: Azul

En 1993 el polaco Krzysztof Kieslowski comenzó su trilogía Tres Colores, con la filmación de la primera: Azul.

Esta trilogía, con los colores de la bandera francesa, simbolizan la Libertad (Azul), la Igualdad (Blanco) y la Fraternidad (en Rojo). Se supone que la civilización occidental disfruta de esos principios y, por tanto, debería ser feliz. Sin embargo, cuando Kieslowski estuvo en Francia, descubrió en los rostros de la gente una enorme tristeza y una mirada que no entendía el sentido de esta vida. Por ello decidió hacer esta trilogía donde nos muestra unas pautas universales que debemos aprender para poder ser felices. Para ello nos muestra el interior de personajes atormentados por su difícil relación con la vida y como lo afrontan.

“Lo que intento capturar es tal vez el alma; en cualquier caso una verdad que yo mismo no he encontrado. Quizá un tiempo que vuela y que no pueda ser nunca atrapado”.

Comienza entonces con Azul, un canto a la libertad, a la libertad interior. Julie es una mujer feliz con su marido, un célebre compositor, y su hija. Sin embargo un día, en un accidente de coche, morirán ambos, quedando ella sola.

A partir de entonces, y sumida en el más profundo dolor, comenzará un viaje interior para lograr la libertad. Para ello comenzará deshaciéndose de todas las pertenencias que le puedan recordar su pasado, pondrá en venta la casa, se deshará de todos los muebles, se irá a vivir a un piso de alquiler y tirará las partituras de la última composición de su marido: la inacabada obra para la celebración de la unificación de Europa. Sólo se quedará con una lámpara de piedras azules que tenía su hija.


En ese intento de deshacerse de todo, Julie intentará no atarse a nada terrenal. Y por eso decide acostarse con Olivier, compañero de su marido, para demostrarse que es capaz de no sentir nada y no atarse a nada ni a nadie. Sin embargo, Julie no se da cuenta de que así no consigue libertad, ya que primero deberá encontrarla en su propio interior. Para ello es necesario que guarde algo (“Siempre hay que quedarse con algo”), en este caso esa lamparita que le recordará siempre el pasado que tuvo, para que no lo pierda de vista y aprenda de él; pero sin dejar de mirar al futuro. El mismo gesto de la portada nos muestra cómo camina hacia delante, su rostro va hacia delante, excepto su mirada, de profunda tristeza, que mira hacia atrás, viendo lo que queda en el pasado.

Ya hacia el final, Julie descubrirá una serie de cosas que le harán ver todo desde otra óptica y, en consecuencia, lograr comenzar de nuevo. Sólo al volver a amar, conseguirá la libertad que ansiaba.

Durante la película aparecen una serie de personajes que conforman todo el mensaje, como la vecina prostituta, que ayuda a Julie en sus debilidades, pero que a la vez necesita de ella. Mutuamente se complementan para lograr seguir adelante. O el chico que presencia el accidente de coche. En el momento en el que se produce el accidente, él está jugando a meter una bola en un palo. Justo en el momento en el que lo consigue, es cuando el coche se estrella, como una especie de juego macabro en el que todo está provocado por el acierto del chico. Para calmar su conciencia, no descansará hasta encontrar a Julie y darle una cadenita que se encontró en el lugar del accidente. También está la madre de Julie, que padece la enfermedad de Alzheimer; a su manera, ella también se ha evadido de todo dejando de estar atada a nada terrenal, ni siquiera a los recuerdos. Olivier, por su parte, tiene la fuerza para sacar a Julie del infierno en el que está sumida. Asume continuar con la composición, en un principio para atraer a Julie y hacerla reaccionar, gritar o correr. Pero finalmente, él también necesitará encontrar su libertad y por ello renunciará a la colaboración de Julie para terminar las partituras. El mendigo que toca la flauta es el perfecto ejemplo de liberación. Hace lo que le gusta, renunciando a tener obligaciones. Pero en realidad goza de una posición económica adinerada, como se ve cuando le lleva en el coche su esposa. Es él el que le dirá a Julie que “siempre hay que quedarse con algo”.

A lo largo de la película, Kieslowski nos dejará ver su mensaje a través de símbolos. Cada pequeño elemento tiene un enorme significado dentro del mensaje global de la película. Por ejemplo, ya desde el principio, cuando el coche se adentra en el túnel, nos está explicando que la vida es un camino donde a veces pasamos por momentos oscuros, pero si seguimos adelante acaba apareciendo otra vez la luz. Es un trayecto de momentos buenos y momentos malos, y de todos ellos debemos aprender.

En otra escena, Julie está sentada en el banco de un parque con los ojos cerrados mientras el sol le golpea en la cara. Al mismo tiempo vemos cómo una anciana intenta llegar a un contenedor para tirar una botella, pero le cuesta mucho esfuerzo y no consigue meterla del todo (personaje que se repetirá en Blanco y en Rojo). Con esto, Kieslowski nos muestra cómo el sol, que le produce placer a Julie y da unos instantes de calma, a la vez le ciega y no le deja ver lo que pasa a su alrededor.

En definitiva, es una película para ver innumerables veces, ya que en cada una de ellas se descubrirán nuevos elementos con nuevos significados. Es una auténtica obra de arte donde cada escena, cada imagen, cuida a la perfección los colores, las posiciones y los pequeños detalles para darle un sentido común. A través de las imágenes hace que nos adentremos en el mundo interior de las persona.

Todo ello con una magnífica Juliette Binoche que enamora a cualquiera. Ese papel no podría haber sido para otra persona. Y una banda sonora que no nos deja indiferentes.



Luis Eduardo Aute - De alguna manera

5 comentarios:

Ulises dijo...

Y sin tener en cuenta la buenísima fotografía, ni los cuidadísimos planos que hacen de esta cinta una obra a la altura del mensaje que su director nos quiere transmitir, podemos en efecto sumergirnos en el mundo interior de Julie que con tanto mimo Kieslowski recrea para nosotros.
Si por algo sobrecoge esta película es por la fuerza con la que nos transmite la manera de ver la vida que la protagonista se ve forzada a experimentar. La interpretación es tan buena y la historia está tan bien conducida que casi podemos enfadarnos cuando ella lo hace, sentir la frustración cuando aprieta los puños, o ilusionarnos cuando Julie retoca las notas de la obra de su difunto marido.
Desde luego es una película que todo el que desee volver a empezar (en cualquier ámbito serio) debería tener en cuenta. Es muy buena. Y toda una lección sobre la entereza, a pesar de los momentos en que la música lo llena todo y cuanto vemos se sume en la oscuridad.
"Lloro porque usted no llora."

Rodrigo dijo...

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Antero dijo...

He visto la trilogía y todas son buenísimas. Tres obras de arte. He leido tu post y te puedo asegurar que me han dado ganas de volver a verla pues tienes una capacidad de análisis que no está al alcance de cualquiera.

De acuero con vosotros en el papelón de J.Binoche, así como en la calidad de la película.

Anónimo dijo...

Un excelente análisis de la película; bastante claro y conciso.
Acabo de ver la cinta pero me ha costado un poco leer algunos de los mensajes (como el de la banca y la anciana) lo cual me hace querer verla de nuevo como comentas en tu penúltimo párrafo.
Agradezco mucho la entrada, me ha servido de mucho