sábado, 24 de mayo de 2008

La Tortuga de Darwin

El pasado jueves acudí al Teatro Gayarre para sorprenderme con La Tortuga de Darwin. Y digo sorprenderme porque Carmen Machí ha conseguido que me quite la mala imagen que tenía de ella.

Un día se presenta en la oficina de un importante historiador una mujer anciana que resulta ser la tortuga que Darwin se trajo de las Galápagos. Incrédulo al principio, sorprendido después, el historiador llega a un acuerdo con ella: la tortuga-mujer le contará todo lo que ha visto de primera mano de la historia de los últimos 200 años y el historiador, a cambio, le ayudará a conseguir volver a las Galápagos para acabar allí sus días (la pobre tortuga es una inmigrante ilegal que, a diferencia de otros, ella desea fervientemente volver a su país de origen).

Así, Harriet, la tortuga-mujer o mujer-tortuga, le hablará de la revolución industrial, el ascenso del nazismo, la Guerra Civil española, la caída del Muro... Una visión de la historia "desde abajo", es decir, no la visión de "quienes hacen la Historia, sino de quienes la padecen". Pero ahí no queda la cosa, ya que, descubierta por un médico de dudosa reputación, llegan a un acuerdo él y el historiador para turnársela en diversos estudios, unos históricos, otros científicos.

Harriet acabará dándose cuenta de que la historia siempre se repite, que los humanos no aprendemos, y olvidamos demasiado rápido. Pero lo que es peor: los seres humanos tendemos a involucionar. Con la vivencia de hechos extraordinarios que nos impacten podemos evolucionar como hizo Harriet (de tortuga a mujer), que "aprendió a andar en el bombardeo de Gernika, donde se puso en pie, con un enorme dolor en las ingles, para escapar de las bombas, o adquirió la voz en el ghetto de Varsovia para advertir a un niño de la presencia de alemanes que buscaban judíos". Emocionada por llegar a ese grado de evolución acaba descubriendo que el hombre ahora involuciona hasta su destrucción. El fin de la evolución humana será el ‘hombre bomba’. Al final ¿de que sirve tanta evolución, tanta tecnología, si la utilizamos para destruirnos mutuamente?

Vivir es adaptarse’ y así nos lo confirma Harriet, una tortuga sabia que ha sobrevivido a 11 papas y a 35 presidentes norteamericanos, a dos guerras mundiales, a la Revolución de Octubre y a la Perestroika. Y que acabará sobreviviendo a la raza humana.

La interpretación de Carmen Machí es destacable en un papel que encarna a la perfección, sin cansar, con unos monólogos que cualquier otro actor probablemente habría destrozado. Destacaría también la interpretación de Susana Hernández, esposa del historiador, que quiere hacer de Harriet un muñeco de feria para poder escapar del aburrimiento de su matrimonio, y Juan Carlos Talavera, un médico sin escrúpulos que quiere llegar a la fama sin importarle a costa de qué ni de quién. Vicente Díez en el papel de historiador no me parece gran cosa, aunque también hay que reconocer que todos los papeles, al lado de Harriet, son escasos ya que quien realmente habla durante toda la obra es la tortuga bicentenaria, quitando protagonismo al resto de personajes.

El texto de Juan Mayorga gana en el escenario con la ayuda de los actores, a pesar de que en algunas partes flojee cayendo en la repetición y lo obvio. La dirección de Ernesto Caballero, con la ayuda de una buena interpretación (o una buena elección para el papel) hace que esta obra sea digna de ver y la disfrutemos con sus momentos dramáticos, otros cómicos, algunas partes auténticas puñaladas a nuestras conciencias y otras, lecciones de una historia que no debemos olvidar.
"Sólo veo personas que se comportan como bestias y personas que son tratadas como bestias" Harriet.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Y otra frase de la obra:
"Las palabras matan".

Juan Cosaco dijo...

Dicen que las tortugas con la edad se quedan ciegas y hay que darles de comer o se mueren. Pero muchos no lo saben.

Salud!

Thabitha dijo...

Anónimo: Y vaya si matan... Cada día un poco más.
Cosaco: Creo que en esta obra la tortuga era precisamente la única que veía perfectamente. Somos nosotros los ciegos y quizá, si no nos dan de comer, acabemos muriendo.
Saludos a los dos y gracias!