martes, 10 de junio de 2008

Mundo loco

El mundo está loco y yo acabo de aprender a reírme de un mundo sin sentido. Si lo vemos bien, es una buena comedia surrealista.

La gente se lanza a las gasolineras y los supermercados como si fuera la guerra y los alimentos y la gasolina escasearan. Tienen que tener su parte antes de que todo se acabe. Rellenan las despensas de comida que se estropeará porque no da tiempo a comerlo todo antes de que caduque o porque es comida que ni siquiera les interesa pero que compran igualmente por si en un momento determinado se les antojan unos pepinillos con mostaza. Rellenan los depósitos de sus coches por si hay que huir y no encuentran un medio. Colas interminables de gente desesperada “¡Mujeres y niños primero!”, “¡Soy demasiado joven para quedarme sin chuletas de cerdo!”, “¡Esto es el Apocalipsis!”.

Los fines de semana cada vez son más surrealistas aunque dado como transcurren las semanas... qué mejor final. Pero muchas veces están emborronados por la extraña ficción del alcohol que nos hace ver el mundo desde una perspectiva algo inclinada. Aunque este capítulo daría para toda una serie completa al más puro estilo de “Juergas de Grey”.

Ahora en los estancos te incitan a fumar chicos guapos regalándote preservativos multiusos (que al parecer ahora sirven también para fundas de móvil... ) o pastillas que pretenden suplir a un plato de lentejas con chorizo, un estofado o una tarta de queso.

Por la calle se pasean perros muertos, arrastrados de la correa por sus dueños (quizá a los vivos los tengan enterrados bajo tierra), y las niñas piden chupa chups en un kiosco de cupones de la once.

Y luego se extrañan de que yo me ría... Sí, es algo extraño, pero tal y cómo está el mundo, creo que debería pasar desapercibido.

A mí, como al Lobo Estepario, se me ha aparecido Mozzart para darme mi condena:

-Ya ha escuchado usted su sentencia. No tendrá más remedio que acostumbrarse a seguir oyendo la música de radio de la vida. Le sentará bien. Tiene usted poquísimo talento, querido y estúpido amigo; pero así, poco a poco, habrá ido comprendiendo ya lo que se exige de usted. Ha de hacerse cargo del humorismo de la vida, del humor patibulario de esta vida. Claro que usted está dispuesto en este mundo a todo menos a lo que se le exige.
[...]
Como si no fuese ya bastante desgracia todo lo que ha hecho usted. Pero con lo patético y con los asesinatos hay que acabar ya. Sea usted razonable por una vez. Usted ha de acostumbrarse a la vida y ha de aprender a reír. Ha de escuchar la maldita música de la radio de este mundo y venerar el espíritu que lleva dentro y reírse de la vida. Listo, otra cosa no se le exige.

Hay que aprender a aceptar el dolor porque nunca te abandona y la vida siempre lo acepta.


Las cosas que nunca se dicen siempre son las más importantes.
"Cosas que nunca te dije" Isabel Coixet.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Así es la vida y no creo que cambie, al menos, de momento.

insolente dijo...

Estimada amiga:
Nos guste o no, vivimos en un mundo que se mueve más deprisa que nosotros mismos, un mundo en que la competición es la ley de la vida y el que no es capaz de amoldarse termina quedándose en la cuneta de este camino y desapareciendo.
Así que, aunque estoy de acuerdo con muchas de tus críticas (otras sin embargo es bonito rebatírtelas), opino que hay que amoldarse a la vida como nos la dan. Sin embargo te aporto como pequeña solución el darle a ese camino la pincelada propia de nuestras virtudes que la hagan mucho más humana. ¿Cómo hacerlo? Intentando conocer aquellas cosas que nos hacen ser mejores personas con nosotros mismos y con los demás. (Sé que parece una homosexualidad tipo Zerolo, pero si tratamos de ponerlo en práctica, veremos que los resultado son sorprendentes)

P.D. Sí, ¿desafortunadamente? los fines de semana son cada vez más surrealistas.

Thabitha dijo...

Anónimo: ahora mismo no pretendo que cambie. Ahora me estoy dejando llevar por él.
Querido amigo insolente: no debemos amoldarnos a la vida tal y como nos la dan. Debemos pelear por cambiar aquello con lo que no estamos de acuerdo. Aunque sí que es cierto que hay veces en las que la vida nos puede y en ese momento debemos dejar de pisar el acelerador y simplemente dejarnos llevar hasta que se calme todo un poco y entonces, volver a pisar. Me lo enseñaron este fin de semana y funciona ;) Ahora mismo he dejado de pisar el acelerador, me estoy dejando llevar y ya veremos cuándo lo vuelvo a pisar. Espero que la vida no se me cale ;P
Saludos!!

Juan Cosaco dijo...

Isabel (o Ann) se confunden: se puede sentir la felicidad intensamente y se puede guardar un trocito para los momentos de bajonazo. De hecho, creo que toda la película está rodada en sentido contradictorio, como un manual de lo que no hay que hacer; o de lo que si tienes que hacer para ser infeliz seguro. Es como esas pelis de la 2ª guerra mundial o de Vietnam que muestran todo el desastre para sensibilizar en contra. Las cosas más importantes, hay que decirlas.
Besos.