sábado, 24 de enero de 2009

La chica del puente


La chica del puente es una película dirigida por Patrice Leconte, en 1999. Cuenta con la magnífica interpretación de Vanesa Paradis y Daniel Auteil. Rodada en blanco y negro, le confiere ese aire íntimo del romanticismo francés, que se completa con una preciosa fotografía.

Adele es una joven que busca desesperadamente la felicidad en los brazos de todo hombre que se acerque a ella y le diga lo que quiere oír. Fracaso tras fracaso se va dando cuenta de que esto, lo único que le da es un enorme vacío, así como la sensación de fracaso constante. Cuando llega a un punto en el que el dolor es más grande que la esperanza por conseguir la felicidad ansiada, decide acabar con todo tirándose de un puente.

“Hay gente que ha nacido para ser feliz, y a mí todos los días de mi vida me han engañado. Todo lo que me prometieron me lo creí. Pero nunca he conseguido nada. No sé hacer ninguna cosa, no le importo a nadie. No soy feliz... Ni siquiera soy realmente desgraciada porque seguro que te sientes desgraciado cuando has perdido algo, pero nunca he tenido nada mío, solo mi mala suerte.
[...]
Cuando era pequeña solo deseaba una cosa: crecer. Quería que sucediera deprisa. Pero ahora no sé para qué ha servido todo esto, no sé para qué. Hacerme mayor... El futuro es como una sala de espera. Como una gran estación con bancos y corrientes de aire. Y detrás de los cristales un montón de gente que pasa corriendo, sin verme. Tienen prisa. Cogen trenes, o taxis; tienen un sitio a donde ir, alguien con quien encontrarse. Y yo me quedo sentada, esperando.
¿Qué espera, Adele?
Que me ocurra algo.”

Gabor es un lanzador de cuchillos fracasado, que busca la otra mitad de un billete para conseguir ser algo. Le falta esa otra mitad que haga de él un hombre feliz y que le lleve al éxito como lanzador de cuchillos. Le falta la suerte.

Ambos se encuentran en el puente. Ambos quieren acabar con sus vidas. Pero al conocerse se darán una última oportunidad. Al fin y al cabo, están hechos el uno para el otro. Gabor le ayudará a Adele a controlarse y valorarse más. A saber ver las cosas tal y como son y no dejarse engañar por el primero que le diga una palabra bonita.

“- Ya sé que esto no soluciona nada, solo rellena grietas. [...] Todavía no estoy acostumbrada.
- ¿A qué?
- A decir no. Me tengo que controlar. Es como la gente que quiere dejar de fumar. Dicen que la primera semana es la más dura. Después no piensas en ello.”


Adele será la diana de Gabor, le ayudará a llegar al éxito como lanzador de cuchillos y será su compañera de viaje. Quién mejor que una persona que quiere acabar con su vida para ser la diana de un lanzador de cuchillos. Si falla, no habrá mala conciencia.

Solo juntos conseguirán la suerte que estaban buscando. Por separado no serán nada, igual que un billete partido en dos: solo tendrá valor si se juntan las dos mitades. Porque la suerte es algo que se consigue cuando se es feliz.

Es importante conseguir la suerte por ti mismo, sin depender de nadie. Pero a veces es necesaria una ayuda exterior, alguien en quien apoyarte y que te dé un tirón de orejas cuando estás a punto de meter la pata. Adele y Gabor lo encuentran el uno en el otro.



3 comentarios:

troyana dijo...

Me alegro t haya gustado y t haya llegado tanto.A veces, las pelis llegan en el momento más oportuno.

Neo dijo...

Menuda emo estás hecha =)

Thabitha dijo...

Gracias Troyana. Cada día tengo más claro que el cine francés es mi cine.
Neo: emo yo? Para nada. Estoy cargada de energía positiva. Y lo mejor es que lo he conseguido solita!
Saludos!