martes, 7 de abril de 2009

Crónica de un joven Baltasar




Imagen: World Press Photo 2007, Akintunde Akinleye, Nigeria, Reuters

Baltasar salió de Belén como Melchor y Gaspar, pero se quedó encerrado el 28 de diciembre en Gaza, bajo los ataques israelíes. El 19 de enero por fin fue liberado, tras aceptarse una tregua entre palestinos y judíos. Sin entretenerse ni un solo minuto (ya iba con bastante retraso), se lanzó al camino hacia la península, cuando sus otros dos compañeros ya estaban de vuelta. Se metió en un cayuco que partía en ese momento y atravesó el estrecho, pero fue interceptado al llegar a Ceuta. Como ya habían pasado las navidades, a los soldados de la frontera se les había terminado la sensibilidad y las buenas palabras, así que le apresaron y le retuvieron en un refugio para inmigrantes ilegales. Intentó explicar a los soldados quién era y que traía un regalo muy importante que debía dar a su dueño. Pero solo se reían de él. Como había pasado la Navidad, ya no le creían.

Pasaron los días y Baltasar pudo comprobar de primera mano cómo la humanidad se ha echado a perder. Le invadió la ira y el desprecio por nuestra raza maldita. Y tras derramar dos lágrimas se dio cuenta de que se estaba convirtiendo en uno de nosotros. “No pueden ser todos así. Seguro que aún queda alguna persona buena que me devuelva la fe en el ser humano”. Así que se levantó, aseguró el regalo en su bolsillo y se dispuso a escapar de aquella cárcel para inmigrantes.

Baltasar no llegó a encontrarte y nunca pudo darte el regalo. Derrotado lo tiró al mar cuando volvía a su país. Pero su viaje no fue en balde. Por el camino aprendió mucho. Más de lo que le hubiera gustado.


1 comentario:

Rosigerante dijo...

Me ha gustado mucho :D