
Amanece mientras bebo el café recién hecho. Ver el primer reflejo del sol en una ventana del edificio de enfrente me hace sentir que el verano está muy próximo. Escucho el despertar de una ciudad adormecida. Las parejas van juntas en el coche pero sin hablarse, ni tan siquiera mirarse. Sus ojos perdidos en un horizonte inexistente mantienen entretenidas sus mentes. “¿Habré apagado la cafetera?”, “Voy a llegar tarde a la reunión de las 9”, “¿Por qué se ha levantado de tan mal humor? ¿Habré hecho algo?”.
La ciudad recibe a sus habitantes con los primeros rayos de un sol que intenta calentar los corazones fríos. El ritmo acelerado del reloj comienza la cuenta atrás, hasta el momento en el que el sol deje paso a su hermana luna para terminar un día más.
Atascos, prisas y malas caras dominan a la gente cansada de la monotonía de sus vidas. Desean lo que no tienen, tienen lo que no desean. Y pensando en lo que les falta, dejan de vivir el presente...