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sábado, 13 de noviembre de 2010

Tercer cuerpo (la historia de un intento absurdo)



El autor y director Claudio Tolcachir (“La omisión de la familia Coleman”) puso ayer sobre las tablas del teatro Gayarre la obra “Tercer cuerpo (la historia de un intento absurdo)”, con la compañía Teatro Timbre 4.


En esta obra nos muestra cinco vidas llenas de miedo, soledad, incapacidad, desconocimiento de sí mismos y del que tienen al lado… pero con fuerzas para, a pesar de todo, seguir adelante, subiendo escaleras.

Sandra, Héctor y Moni trabajan en una oficina olvidada donde desarrollan tareas innecesarias. Llevan trabajando juntos muchos años, y sin embargo no se conocen en absoluto. Para Héctor y Moni, Sandra es una mujer independiente, fuerte, casada con un hombre mayor que ella. A lo largo de la obra, descubriremos que en realidad Sandra no está casada, su marido le abandonó, vive sola y frustrada por la incapacidad de poder tener un hijo a quien darle todo el amor que guarda dentro, y con quien compartir su vida. Moni es una mujer activa, optimista, que se preocupa por los demás, aunque se meta demasiado en la vida de gente que incluso no conoce. Un día, sus compañeros descubrirán que ha perdido su casa y está viviendo en la oficina porque no tiene donde ir (“Pero no pasa nada, estoy bien, esto solo es algo temporal, hasta que encuentre algo”). Héctor es un hombre reservado, con sus pequeñas extravagancias pero a las que sus compañeras intentan no darle importancia. Tras la muerte de su madre vive solo. A lo largo de la obra vemos cómo intenta conocer a alguien con quien compartir su vida, alguien capaz de quererle y aceptarle tal y como es. Cuando sus compañeras descubren que es gay, su primera reacción es sorprenderse de que no se lo hayan contado, cuando en realidad ninguna de ellas ha dado pie a una relación más intima que permita determinadas confidencias.

Manu y Sofía son una pareja rota. Sofía ama profundamente a Manu, tanto que no quiere ver la realidad; se desgarra, sufre e intenta con total desesperación mantener viva la relación. Manu, sin embargo, desprecia a Sofía, no la ama y, ante los intentos desesperados de Sofía por mantenerle unido a ella, opta por decírselo claramente. Sin embargo ella sigue sin asumirlo. Finalmente, Sofía acabará abriendo los ojos y descubriendo quién es Manu en realidad: alguien que ha estado ocultando su verdadera vida y sus verdaderos sentimientos.

“Cinco vidas, cinco deseos de amar, cinco personas incapaces.
Mientras tanto se vive, se trabaja, se intenta.
Miedo a no ser, miedo a que sepan quien soy.
Miedo e incapacidad.
La historia de querer y no saber qué hacer.
La historia de un intento absurdo.
Y subir las escaleras.
Y querer vivir cada día a pesar de todo.”

Estas cinco personas nos están hablando de la soledad y el abandono, de la necesidad de amar, de la imposibilidad de darse y recibir, de no saber quién es el otro y quién es uno mismo. En definitiva, de las vidas que nos rodean a diario y en las que no nos paramos a pensar.

“Te sorprende que otros pasen a tu lado y no sepan cuál es tu pena, tu cáncer secreto, cuando pasas junto a tantos y no sabes, ni te interesa cuál es la pena y el cáncer secreto de ellos. Hace tanto que comprendí que mi suerte es abrazar sombras”
Cesar Pavese.



martes, 19 de enero de 2010

Siempre fiesta



El domingo se representó en la Casa de Cultura de Mutilva “Siempre Fiesta”, de la compañía Cuarta Pared.

Tras una reunión familiar por la cena de Nochebuena, la hermana pequeña cae sumida en una profunda depresión. Tras intentar diversos tratamientos, su marido descubre que la única solución visible es repetir la cena de Nochebuena. Sin embargo, este parche a la felicidad de su esposa acabará siendo la pesadilla de la familia, que se verá condenada a repetir esta cena noche tras noche, arruinando el negocio familiar y hasta la salud, tanto mental como física.

María, la hermana pequeña, irá destruyéndose poco a poco en busca de su felicidad, a la vez que irá destruyendo a su propia familia. Pero no es más que una falsa felicidad. Ninguno de los parientes se atreverá a decirle nada, a intentar profundizar en la depresión de la hermana pequeña, ninguno enfrentará el conflicto. Todos mantendrán la pantomima hasta puntos inimaginables. Solo un pequeño intento parece amenazar el parche de felicidad, pero solo eso, un vano intento.

Muchas veces no se mira el problema de frente por miedo a lo que nos pueda esperar. Y en consecuencia buscamos pequeños parches que nos hagan superar el día a día conviviendo con ese conflicto interno. Acabamos viviendo una falsa “felicidad” sin darnos cuenta de que la auténtica está detrás de todo eso y basta con escarbar la mentira en la que vivimos para descubrirla. No podemos forzar la felicidad, ni vivir una farsa pensando que así seremos
felices. Porque al final viviremos atrapados en nuestro propio engaño.

No es casualidad que toda esta historia se enmarque dentro de la Navidad. Una fecha en la que todos debemos aparentar felicidad, a pesar de que fuera haya gente manifestándose por un trabajo, por un salario digno, por un trozo de pan... Fechas en las que se vive en la opulencia, al igual que esta familia que, incluso cuando ya no tienen dinero para sustentar ese nivel, siguen viviendo por encima de sus posibilidades.

sábado, 16 de enero de 2010

Nixon - Frost

Nixon - Frost, de Peter Morgan, está basada en la serie de cuatro entrevistas realizadas por el periodista David Frost al presidente Richard Nixon, en 1977.

He tenido la posibilidad de verla interpretada en teatro por el Teatre Lliure, pero para aquellos que no tengan esta posibilidad, recomiendo la película “El desafío Frost contra Nixon”, de Ron Howard, basada en el texto teatral.

Lo que comienza siendo una entrevista para obtener éxito y poder, acabará siendo la mayor declaración de culpa obtenida de boca de un presidente. Ya quisiera yo oír algo parecido por algún presidente español.

“¿Dónde acaba la política y empieza la farándula?”


“Si es el presidente quien lo hace, significa que no es ilegal”

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Los chicos de historia


Este fin de semana se representó en el Teatro Gayarre de Pamplona ‘Los chicos de historia’, una obra de Alan Bennett, que en esta ocasión dirigía y protagonizaba José María Pou.

En una escuela inglesa, de los años ochenta, un grupo de jóvenes se preparan para su ingreso en Cambridge y Oxford. Dos profesores se enfrentan en su diferente modo de entender la educación: uno como un camino hacia el éxito, el otro como un camino hacia la madurez personal.

Hoy en día la educación se basa en crear seres productivos, máquinas de éxito, educación para el mundo laboral. Y se olvidan de que hay que educar a seres humanos primero. El sistema capitalista centra la educación en el dinero y el éxito pero deja de lado la sensibilidad ya que no es productiva, es “inservible”. Tenemos que fomentar el desarrollo de la sensibilidad hacia el arte, hacia las personas, hacia el mundo. El desarrollo de las emociones, del alma.

En la educación para el éxito laboral todo vale con tal de conseguir el objetivo; “el fin justifica los medios”. Hay que mentir. Sin embargo una educación humana se centra en hacer siempre aquello que dicte tu conciencia. Desarrolla principios y valores fundamentales para que los alumnos puedan actuar conforme a lo que creen. Pero en un mundo en el que domina el dinero y el éxito profesional estas personas no tienen sitio.

El protagonista de esta obra centra sus esfuerzos en plantar una semilla en los corazones de sus alumnos, pasar el relevo para que continúe de generación en generación. Estoy convencida de que solo podrá haber un cambio en la sociedad a través de un cambio en la educación de las nuevas generaciones. Nosotros quizá ya somos una generación perdida, pero las que vengan no, y podrán pasar el relevo.

Para aquellos que no hayáis podido ver esta obra, sabed que hay una versión cinematográfica que dirigió Nicholas Hytner en 2006 y se titula “History Boys”

jueves, 6 de agosto de 2009

Carmina Burana con La Fura dels Baus


De vez en cuando hay pequeñas cosas que te erizan la piel, que te sacan de la monotonía emocional en la que nos movemos, que te suben a lo alto de la rueda de forma vertiginosa. Ayer fue Carmina Burana. El día se presentó largo solo ante la expectativa de la noche. Pero por fin llegó el momento, coche hacia San Sebastián, con el bochorno pisándonos los talones. Parecía que la diosa Fortuna no quería estar de nuestra parte e íbamos a llegar tarde. Los coches se agolpaban por un sitio en el que descansar, la gente se amontonaba por las calles y nosotros no conseguíamos avanzar. Y al lado, el Kursaal expectante, con el mar revuelto que anunciaba lo que no quería ver.

Pero lo conseguimos. La rueda empezó a subir y nosotros con ella. A pesar del tráfico, de las manifestaciones, de la tormenta... llegamos, empapados, pero no hay dolor cuando se trata de ver a la Fura con Carmina Burana. Y entonces llegamos a lo alto de la rueda, al momento de éxtasis, el comienzo con Oh Fortuna. Y todo mi cuerpo reaccionó emocionado, el corazón quiso salirse y ya no volví a la realidad hasta que se encendieron las luces. El Orfeón Pamplonés magnífico, la Orquesta Sinfónica de Castilla y León escondida tras las telas marcaba su presencia con fuerza, los solistas dignos de una función así, y la escenografía... de la Fura, despertando todos nuestros sentidos, desde el olfato repartiendo aroma de lavanda por todo el auditorio, hasta el tacto dejándonos las manos aplaudiendo. Y al final, el regalo de un bis. Proyecciones, grúas, telas, luces... todo envolvía nuestros sentidos dejándonos inmersos en un mundo de fiesta lasciva, vicios, fuerza, sensualidad... Tentaciones, una obra puramente carnal pero capaz de transportarte al paraíso.

Gracias, por conseguir que pudiera estar ahí, por la experiencia, por la compañía.



martes, 14 de julio de 2009

Danza en Lisboa

Nuevas ciudades cargadas de cultura. Empiezo a coger la costumbre de ver una representación en cada país al que voy. Esta vez fue de casualidad. En la calle, al aire libre y abierto para todo el público, la cultura era accesible para todo el que quisiera verlo. La Companhia Nacional de Bailado, en Lisboa, en la Praça do Carmo.


lunes, 29 de junio de 2009

Crónica de un buen sábado


A primera hora de la mañana nos invadía la emoción de preparar algo para alguien que desconocía lo que le esperaba. Y también el dolor de cabeza provocado por la Fiesta de los Jóvenes Navarros (no muy digna de mención, por cierto... como dijo alguien, era más la fiesta de las juventudes navarras, pura imagen, marketing, y una organización pésima; pero esta historia deberá ser contada en otro momento).

Picnic en el maletero al más puro estilo dominguero de Alfredo Landa (aunque sin tortilla), nos ponemos en marcha hacia San Sebastián. La playa nos espera, primer baño del verano, el olor del mar, el calor bronceando tu cuerpo... y una tarta de chocolate de escándalo! Fue divertido ver cómo todas las ‘fashion victims’ playeras nos miraban con envidia mientras gemíamos de placer ante tanta felicidad.

Con nuestra buena dosis de azúcar en el cuerpo y con algún hombro quemado nos dirigimos al siguiente destino: el teatro Victoria Eugenia. La obra que nos esperaba era Emma de Howard Zinn. Qué decir de esta obra. Dos horas y 45 minutos que se me pasaron como 5 minutos de nada. Embobada bebía las palabras de Toni Acosta haciendo de Emma Goldman, la mujer más peligrosa de América, luchadora nata en pro de la mujer y de la anarquía. Defensora del amor libre, de la emancipación de la mujer (pero la emancipación verdadera), de la libertad del individuo, de la disolución del Estado o cualquier institución que ejerza poder sobre la persona... un sinfín de ideas que me dejaron auténticamente pasmada y con ganas de saber mucho más sobre ella y casi con un pie en la anarquía (pensabas que no podía empeorar ¿eh?). Desde primera fila de patio de butacas pude ver como le temblaba la garganta de emoción al hablar, como lloraban, cómo se emocionaban expresando sus ideas... Hacía mucho que una obra no me dejaba esa sensación de querer volver a luchar, cambiar las cosas, pero sobre todo de seguir aprendiendo. Y con esa sensación dentro, salimos a la calle donde nos esperaba el mar de noche, y sobre el Kursaal una performance con txalaparta. El calor nos seguía acompañando y las ganas de hablar sobre todo lo que teníamos en la cabeza nos llevaron al casco viejo donostiarra para tomarnos unos pintxos. Con cerveza en mano pusimos en común nuestras visiones del mundo, aprendimos nuevas y enseñamos otras. El mundo estaba a nuestros pies y nosotras casi podíamos comérnoslo.

Algo tarde ya decidimos volver. El sueño no es buen acompañante al volante. Como era de esperar, no podíamos llegar a la primera. Nos perdimos, llegamos hasta Hondarribia con una chica muy simpática que nos cobró doble peaje (aunque con una gran sonrisa... quién sabe si sonreía o se reía de nosotras). Y es que el día que consiga llegar a la primera sin desviarme de mi camino... ese día dejaré de ser yo.



sábado, 4 de abril de 2009

Casa de muñecas


Ayer se representó Casa de Muñecas, del noruego Henrik Ibsen, en la Casa de Cultura de Zizur. Bajo la dirección de Miguel Munárriz se nos mostró la historia de una muñeca que quiso salir de la casa en la que le encerraba la sociedad de entonces. “Nuestra sociedad es masculina, y hasta que no entre en ella la mujer no será humana” (Henrik Ibsen).

Nora está casada con Trovaldo, un abogado que acaba de ser ascendido a director de banco. Ambos están muy contentos de que por fin se hayan terminado las penurias económicas y puedan vivir holgadamente. Es Navidad y se presenta en su casa Cristina, una vieja amiga de la infancia de Nora que se acaba de quedar viuda y necesita encontrar un empleo. Cristina es una mujer que ha logrado mantenerse a sí misma, trabajando y siendo independiente, sin embargo ansía un hombre al que dedicarle todo su amor y trabajo, al revés que Nora.

Nora le confesará a su amiga cómo hace años salvó la vida de su marido pidiendo un préstamo; y que ahora el hombre que le dio el préstamo le chantajea para mantener su puesto de trabajo. La reputación de su familia está en peligro y todo por haber actuado a expensas de cualquier hombre.

La obra se divide en dos partes en las que Nora no es la misma mujer (o tres si contamos el tramo intermedio): una primera en la que se muestra como una niña juguetona, muñeca de su marido; una intermedia en la que es medio niña, medio preocupada, no sabe qué hacer pero oculta su preocupación. Comienza a mostrar su verdadera parte y la que simula ser; y el final en el que se muestra seria, con las ideas ya claras. Ha madurado. “Llevamos ocho años casados. ¿No te percatas de que hoy es la primera vez que tu y yo, marido y mujer, hablamos con seriedad?”

"He sido una muñeca grande en esta casa, como fui una muñeca pequeña en casa de papá. Y a su vez los niños han sido mis muñecos. Me divertía que jugaran conmigo, y a ellos les divertía verme jugar con ellos. Esto es lo que ha sido nuestro matrimonio..."

A lo largo de su matrimonio obedece constantemente a su marido. Oculta aquellas cosas que le pueden molestar. Actúa conforme al criterio del marido anulando así el suyo propio. Pero cuando, ante una situación realmente importante, ve cómo su marido no es el hombre que ella esperaba, toma la decisión que debía haber tomado hacía mucho tiempo.

El personaje de Nora en aquel entonces enseña a las mujeres que también pueden ser libres igual que ellas. Porque antes que mujeres son seres humanos y no muñecas de los hombres. El libro “Casa de muñecas”, de Henrik Ibsen fue una revolución para la sociedad y Nora un modelo a seguir.

No me gustó mucho la forma de tratar el personaje de Nora la primera mitad de la obra. Aunque el papel requiere que sea una niña caprichosa, inmadura y juguetona, creo que la interpretación era algo falsa y se podría haber realizado de una forma más sencilla y menos sobreactuada. Sin embargo, conforme avanza la obra, el personaje evoluciona y con él la interpretación y nos demuestra que el problema no es de la actriz. La iluminación falló bastante a lo largo de la obra, habiendo momentos en los que los actores estaban en la penumbra o iluminados con luces titilantes. A pesar de ello, la historia, el texto y los actores merecieron la pena. Verles desde tan cerca ayudó a que me metiera bien en la obra.

martes, 31 de marzo de 2009

Dos menos


Me gusta ir al teatro en ciudades distintas. Probar nuevos asientos y nuevas perspectivas. Este fin de semana conocí el Teatro Bretón de Logroño. El gallinero me pareció mucho más cómodo y siempre es agradable completar una buena obra de teatro con todo el repertorio de pinchos que ofrece La Laurel (a pesar de las múltiples despedidas de solter@s que plagaban la zona).

Dos menos, obra original de Samuel Benchetrit, nos habla de dos hombres que, en el final de sus vidas, deciden “echar a andar”, vivir sus últimos días cómo quieran. Ese viaje se convertirá en el reconocimiento abierto de sus pasados, de sus errores y de sus fracasos. Solo asumiendo su pasado podrán seguir adelante, viviendo. Por el camino se encontrarán a una muchacha embarazada que únicamente les pedirá un favor: que le digan a su marido que le quiere. A partir de este pequeño encuentro, el viaje de nuestros dos hombres cambiará de rumbo y se enfrentarán de esta manera a sus propias vidas.

Sobra hablar de la interpretación de Héctor Alterio y José Sacristán, que rebosa complicidad en todos sus diálogos. La escenografía no le resta protagonismo a los personajes y, sin embargo, de una forma muy sutil, está muy presente: mediante un muelle de madera, una luz que marca la carretera, unos asientos en una sala de espera o un sofá somos perfectamente capaces de meternos en todo el entorno de los actores.

Sólo dos defectos: la mujer de las hormonas alteradas que no callaba en el asiento de atrás y la fiebre que me subía por momentos. Pero mereció la pena. El fin de semana entero mereció la pena.


"Es comprensible que se tenga miedo cuando uno tiene el riesgo de ser extremadamente feliz."

lunes, 23 de febrero de 2009

Qué pelo más guay



O yo soy muy rara (sí, sí, te lo he puesto muy fácil) o la gente es muy simple. Reconozco que no tengo mucho sentido del humor. O mejor dicho, sí que lo tengo, pero algo rebuscado. Es difícil que me ría en una obra, pero sé reconocer cuándo es graciosa o no. Y ésta no me lo pareció.

Dos hombres en escena vestidos al más puro estilo discotequero hortera de los 70 define a la perfección lo que fue la obra: humor hortera. De vez en cuando se salen del papel como si nada haciéndonos pensar que estamos en un ensayo más que en una obra. Humor fácil, actuación mediocre (excepto la de Rulo Pardo, el afro, que era el único elemento que le daba algo de chispa a la obra) y un grupo al lado que saltaba en la butaca con estruendosas carcajadas cada vez que alguno de los protagonistas abría la boca. Intentaron hacer guiños al teatro del absurdo y se convirtió en eso: humor absurdo. Fui con la intención de reír y desconectar, después de una larga semana laboral. Pero su hora y 45 minutos hicieron de ella un suplicio. Una lástima, esperaba más de la compañía Sexpeare.

martes, 9 de diciembre de 2008

Odiseo y Penélope

Odiseo y Penélope es una versión de la Odisea en teatro, que escribió Mario Vargas Llosa y que se representó por vez primera el 3 de agosto de 2006 en el Festival de Teatro Clásico de Mérida. Fue interpretada por el propio Mario Vargas Llosa con Aitana Sánchez-Gijón, bajo la dirección de Juan Ollé.

Tal como describe el propio Vargas Llosa, “Odiseo y Penélope es una versión minimalista de la historia clásica, que los dos protagonistas cuentan, interpretan y leen, una vez concluida la matanza de los pretendientes y las siervas traidoras, en Ítaca”.

La historia, todos la conocemos: Odiseo, tras la batalla de Troya, intenta volver a Ítaca con su amada Penélope. Pero en el camino, los dioses le pondrán numerosas trabas para impedir que esto suceda. Finalmente, gana el amor y Odiseo logra llegar a su ciudad con su amada Penélope que le ha estado esperando inventándose tretas para engañar a los múltiples pretendientes que la acosaban.

En esta obra, una vez juntos, bajo el calor de las mantas, cuentan la historia de las aventuras de Odiseo juntos, para convertir ese pasado en algo de los dos, como si nunca se hubieran separado.

“Odiseo: Que sea nuestra historia Penélope. Ayúdame a reconstruirla. Compártela conmigo. Yo mismo no la tengo clara y ordenada en mi memoria. Resucitémosla juntos, como si la hubiéramos vivido los dos.
Penélope: ¿Quieres que juguemos a inventar el pasado, Odiseo?
Odiseo: No a inventarlo. A hacerlo, a vivirlo de verdad, otra vez, con la fantasía y la memoria, pero, ahora, juntos. El pasado es maleable como la arcilla, depende de nosotros tanto como el futuro, Penélope.”


Esta historia, en todas sus versiones, al final siempre será una hermosa historia de viajes y reencuentros. De luchas por alcanzar aquello que deseamos. Del camino que debemos seguir sin permitir que los cantos de las sirenas, los huracanes, o los cíclopes, nos desvíen de él impidiendo que alcancemos nuestro objetivo.

[...]
No los encontrarás, ni a Lestrigones
Ni a Cíclopes ni al fiero Poseidón,
Si no los llevas tú dentro del alma,
Si tu alma no los hace erguirse enfrente.
[...]
Ten a Ítaca fija ante la mente.
Llegar allí es tu vocación. No debes,
Sin embargo, forzar la travesía.
Mejor que se prolongue muchos años;
Que arribes a tu isla siendo viejo,
Rico con lo ganado en el camino,
Sin esperar a enriquecerte en Ítaca.

C.V. Cavafis

lunes, 17 de noviembre de 2008

Rebeldías posibles

Rebeldías posibles, de la compañía Cuarta Pared, fue representada ayer domingo en la casa de cultura del valle de Aranguren.

En estos tiempos todos nos quejamos de lo mal que van las cosas, de lo mal que se están haciendo y de lo injustas que son muchas cosas. Pero no hacemos nada. Nos limitamos a quejarnos sentados en el sofá, esperando, pacientes, a que las cosas cambien solas.

Pero García, el protagonista de esta obra, harto de sentir esa impotencia y de la resignación del mundo, decide hacer algo. Reclama a una teleoperadora la devolución de unos céntimos por estar en desacuerdo con el criterio aplicado en las tarifas. No descansará en su empeño, ni se dejará minar los ánimos por todos aquellos que creen absurda su lucha. Solo tres personas, animadas pro su ejemplo, deciden tomarle como involuntario líder de su causa: uno reclama atención médica a su hija anoréxica, otro quiere apostatar y una tercera persona quiere que se pongan de acuerdo el seguro y la constructora para arreglar su casa llena de escombros. Comenzará entonces una lucha conjunta en la que se planteará también un debate sobre hasta qué punto está todo permitido para alcanzar el fin buscado.

A este tipo de personas, se acostumbra a llamarles ingenuos, “En Derecho Romano, el ingenuus era una persona nacida libre y que no había perdido su libertad. Hoy, ingenuo es un insulto”.

Pero toda lucha requiere esfuerzo y todo esfuerzo agota. Todos necesitamos un García que nos apoye cuando decae nuestro ánimo, para que nos anime a seguir adelante cuando creemos que ya no hay solución posible. Pero cuando es García el que se queda sin fuerzas, los otros tres caen, decepcionados, defraudados. No podemos depender de nadie para nuestra lucha, no podemos esperar que haya alguien al lado diciéndonos todo el rato lo que tenemos que hacer. Debemos luchar por aquellas cosas que nosotros mismos creemos justas.

“García pertenece a la vida real. De hecho, supimos de alguien como él a través de la noticia de un periódico. Es una persona completamente anónima. Y así quiere seguir siendo. Ganó un juicio a una gran operadora internacional, que fue condenada a devolver cientos de millones de pesetas.”

Durante nuestra lucha, habrá momentos en los que caigamos, pero como dicen en la obra: cuando te caes en un pozo, ¿cuál es la forma de salir? ¡Saltando hacia arriba! Cuando presionas un muelle, lo aplastas, lo hundes... al soltarlo ¡¡salta hacia arriba!! Saltando lo expulsas todo por los pies. Así que... ¡saltemos!

sábado, 24 de mayo de 2008

La Tortuga de Darwin

El pasado jueves acudí al Teatro Gayarre para sorprenderme con La Tortuga de Darwin. Y digo sorprenderme porque Carmen Machí ha conseguido que me quite la mala imagen que tenía de ella.

Un día se presenta en la oficina de un importante historiador una mujer anciana que resulta ser la tortuga que Darwin se trajo de las Galápagos. Incrédulo al principio, sorprendido después, el historiador llega a un acuerdo con ella: la tortuga-mujer le contará todo lo que ha visto de primera mano de la historia de los últimos 200 años y el historiador, a cambio, le ayudará a conseguir volver a las Galápagos para acabar allí sus días (la pobre tortuga es una inmigrante ilegal que, a diferencia de otros, ella desea fervientemente volver a su país de origen).

Así, Harriet, la tortuga-mujer o mujer-tortuga, le hablará de la revolución industrial, el ascenso del nazismo, la Guerra Civil española, la caída del Muro... Una visión de la historia "desde abajo", es decir, no la visión de "quienes hacen la Historia, sino de quienes la padecen". Pero ahí no queda la cosa, ya que, descubierta por un médico de dudosa reputación, llegan a un acuerdo él y el historiador para turnársela en diversos estudios, unos históricos, otros científicos.

Harriet acabará dándose cuenta de que la historia siempre se repite, que los humanos no aprendemos, y olvidamos demasiado rápido. Pero lo que es peor: los seres humanos tendemos a involucionar. Con la vivencia de hechos extraordinarios que nos impacten podemos evolucionar como hizo Harriet (de tortuga a mujer), que "aprendió a andar en el bombardeo de Gernika, donde se puso en pie, con un enorme dolor en las ingles, para escapar de las bombas, o adquirió la voz en el ghetto de Varsovia para advertir a un niño de la presencia de alemanes que buscaban judíos". Emocionada por llegar a ese grado de evolución acaba descubriendo que el hombre ahora involuciona hasta su destrucción. El fin de la evolución humana será el ‘hombre bomba’. Al final ¿de que sirve tanta evolución, tanta tecnología, si la utilizamos para destruirnos mutuamente?

‘Vivir es adaptarse’ y así nos lo confirma Harriet, una tortuga sabia que ha sobrevivido a 11 papas y a 35 presidentes norteamericanos, a dos guerras mundiales, a la Revolución de Octubre y a la Perestroika. Y que acabará sobreviviendo a la raza humana.

La interpretación de Carmen Machí es destacable en un papel que encarna a la perfección, sin cansar, con unos monólogos que cualquier otro actor probablemente habría destrozado. Destacaría también la interpretación de Susana Hernández, esposa del historiador, que quiere hacer de Harriet un muñeco de feria para poder escapar del aburrimiento de su matrimonio, y Juan Carlos Talavera, un médico sin escrúpulos que quiere llegar a la fama sin importarle a costa de qué ni de quién. Vicente Díez en el papel de historiador no me parece gran cosa, aunque también hay que reconocer que todos los papeles, al lado de Harriet, son escasos ya que quien realmente habla durante toda la obra es la tortuga bicentenaria, quitando protagonismo al resto de personajes.

El texto de Juan Mayorga gana en el escenario con la ayuda de los actores, a pesar de que en algunas partes flojee cayendo en la repetición y lo obvio. La dirección de Ernesto Caballero, con la ayuda de una buena interpretación (o una buena elección para el papel) hace que esta obra sea digna de ver y la disfrutemos con sus momentos dramáticos, otros cómicos, algunas partes auténticas puñaladas a nuestras conciencias y otras, lecciones de una historia que no debemos olvidar.
"Sólo veo personas que se comportan como bestias y personas que son tratadas como bestias" Harriet.

martes, 13 de mayo de 2008

El guía del Hermitage


El pasado domingo tuve la oportunidad (por fin) de ver el Guía del Hermitage. Tras varios intentos fallidos, esta vez me trasladé hasta San Sebastián, al Teatro Victoria Eugenia para poder verla. Y he de decir que la obra bien mereció el viaje.

Era la primera vez que estaba en ese teatro; pequeño pero acogedor y realmente hermoso. Nos deslizamos por la alfombra roja y fuimos a parar a la segunda fila del patio de butacas.

El Guía del Hermitage está dirigida por Jorge Eines con texto de Herbert Morote. Basada en un hecho real, nos cuenta la historia de Pavel Filipovich, guía del museo Hermitage. Durante el asedio que sufrió la ciudad de Leningrado en la II Guerra Mundial, este guía se dedicó a hacer visitas guiadas clandestinas a un museo en el que ya no había ninguna obra. Sin embargo, la magia y el sentimiento que ponía en cada descripción, hacía que la gente lograra ver los cuadros que no había.

Esta obra nos muestra así cómo en tiempos de guerra, en los momentos más difíciles, uno se refugia en el arte, la amistad y el amor para poder sobrevivir.

“Yo he querido poner de manifiesto cómo hay personas que recurren al arte como una forma de resistencia, como una reafirmación de lo que uno es. Y he querido también reflexionar sobre cómo la amistad y el amor pueden crecer para enfrentarse juntos a la tragedia” Herbert Morote.

El arte no es solo una válvula de escape para olvidar el mundo que te rodea, sino una forma de mantener tus valores, de resistir ante la violencia que nos rodea, una forma de mantener los sueños intactos frente a la presión de la realidad en la que vivimos.

“Lo mejor del arte apunta siempre a preservar la facultad creadora, de estimular lo mejor del hombre. Y si como usted dice, el arte tuviera alguna función, yo creo que sería la de despertar lo mejor de la gente, porque los artistas han tenido la virtud de predecir lo que se avecinaba..., el arte funciona como una especie de meteorología del espíritu de la sociedad” Federico Luppi.

La escenografía y la iluminación de la obra colaboran para que nosotros también podamos ver los cuadros que el guía describe con tanta pasión. Así, cuando Pavel va describiendo una obra de arte, la iluminación se vuelve semejante a la que caracteriza la obra del autor del que está hablando. Mientras el sentimiento va creciendo en sus palabras, al fondo del escenario va apareciendo paulatinamente la imagen de la obra para mostrarnos cómo podemos ser capaces de verlo tan solo esforzándonos un poco y poniendo sentimiento en el intento.

He de reconocer mi debilidad por Federico Luppi, actor idóneo para el papel que representa ya que con tres palabras es capaz de hipnotizarte. Sin embargo he de destacar también la actuación de Manu Callau (Igor) quien sorprende con su personaje de guardián del museo, borrachuzo, incrédulo, pero gran amigo del guía y lleno de ternura. En cambio, Ana Labordeta, que interpreta el papel de Sonia, una restauradora de cuadros, miembro del comité de seguridad y esposa de Pavel, hace una actuación demasiado plana, que no transmite pasión y que solo sabe hablar con tono imponente (necesario en su papel, pero quizá exagerado hasta el cansancio).


Y para finalizar la tarde... qué mejor que una última mirada al mar, de noche, cerca, tan cerca que casi rozaba mis pies, sintiendo el olor salado de sus olas. Y vuelta para casa con el buen sabor de una gran obra.

viernes, 28 de marzo de 2008

'Dios' de Woody Allen


Hacía tiempo que no me reía tanto con una obra de teatro (será porque hacía tiempo que no veía una auténtica comedia...). En esta obra, los personajes de Woody Allen empiezan a pensar por sí mismos. Interpretan a dos griegos que están intentando encontrar un final a una obra, pero a la vez se dan cuenta de que son actores interpretando a actores... ¿Y si decidieran hacer lo que libremente quieren sin tener en cuenta el guión? ¿Qué le parecería al autor? ‘Oh, está bien, pero llámame luego para contarme cómo acaba’.

¿Somos todos actores de una inmensa obra de teatro creada por un Dios con un sentido del humor bastante negro? ¿Somos libres de tomar nuestras propias decisiones y de no seguir lo establecido, lo escrito?

Para empezar, yo soy atea ‘gracias a Dios’. Por lo tanto no acostumbro a plantearme estas cosas porque ya sé cuál es mi respuesta. Pero me parece muy divertida la idea de crear unos personajes que cobran vida y empiezan a vivir independientemente de ti, tomando sus propias decisiones. Imaginad que el lobo estepario de Herman Hess se rebelara contra su autor y decidiera ser feliz!! ‘Mira Herman, he pensado que ya estoy harto de vivir en soledad, incomprendido y marginado, así que he decidido que voy a ser uno más y me voy a poner a ver ‘Fama’ y ‘Gran Hermano’ para poder hablar con el resto de la gente.’ Bueno... quizá sea importante que haya un autor que mantenga el orden jaja.

La idea de crear un Dios para encontrar un sentido a nuestras vidas es tan fácil como el Deus ex machine de los griegos. Cuando no sabemos por dónde escapar, cuando no encontramos un sentido a todo esto... puf!, aparece Dios en su máquina y lo soluciona todo, le da un sentido a nuestra vida y algo por lo que seguir adelante.

Por eso en esta obra nos encontramos con una Blanche Dubois que, harta de su sufrimiento en ‘Un tranvía llamado deseo’ decide colarse en esta obra para que ese Dios milagroso le ayude.

De esta forma lo único que hacemos es convertirnos en personajes de una obra en la que está todo escrito, sin poder de decisión sobre sus vidas. ¿Queremos eso? ¿O preferimos decidir sobre nuestra vida, asumiendo las consecuencias de nuestros actos?


Mis felicitaciones a los actores que interpretaron esta magnífica obra ayer por la noche en el Teatro Gayarre, como colofón final a un maratón de teatro que duró cuatro horas y media, con un éxito que pocas veces se ve en el teatro.

domingo, 10 de febrero de 2008

Entrañas

El viernes la Casa de Cultura de Zizur Mayor presentó la obra “Entrañas” con la compañía Titzina Teatre, representada por Dolça Cos, Pako Merino y Diego Lorca, bajo la dirección de Stefan Metz.

Sole, tras descubrir que está embarazada, y con las preguntas del médico acerca de sus antepasados, se da cuenta de que no sabe nada de sus abuelos. Sabe que su abuelo desapareció en la guerra, que estuvo destinado en el Ebro, pero nunca se supo que pasó con él.

Emprenderá entonces una búsqueda de su historia. Irá a Salamanca y a Ávila para consultar los archivos sin obtener éxito.

Es el intento de conocer su historia, sus antepasados y la vida que les rodeó. No se puede tener un familiar desaparecido, sin saber qué ha pasado con él, teniendo siempre la duda de si estará vivo o muerto y dónde. Para cerrar heridas se necesita conocer el pasado. Y para emprender un futuro es necesario cerrar esas heridas del pasado.

“Huir del olvido para siempre, buscando en la memoria, con la esperanza de no repetir errores...”.

Es una obra que intenta recuperar una memoria histórica que poco a poco va desapareciendo con las personas que la vivieron. Por eso urge recuperarla, antes de que sea demasiado tarde, mientras aún vivan las personas involucradas.

Todo esto está tratado con una hermosa puesta en escena, cargada de poesía y metáforas. Los actores destacan por su valía en los diferentes papeles que representan, cambiando el registro según conviene en cada momento.

Una obra magnífica, en la que nos enseñan lo importante de recuperar la memoria histórica, la posibilidad de que esas situación se pueda volver a repetir en el futuro, o nos hace ver desde una cercanía que asusta el problema de la inmigración; porque todos hemos sido inmigrantes y es duro que te cierren la puerta en las narices dejándote en el lado de la miseria y el hambre.



Pedro Guerra - Huesos

miércoles, 16 de enero de 2008

Cuota líquida

Este lunes comenzó en el Gayarre el ciclo de Pequeñas Obras de Nuevos Autores, un ciclo en el que se representan obras seleccionadas de un concurso de textos teatrales organizado por el propio Teatro Gayarre.

Las obras encargadas de abrir este ciclo fueron ‘Café solo café' de Pablo Salaberri y ‘Cuota Líquida’ de Víctor Iriarte. Como la primera no puede verla entera, me dedicaré a comentar solamente la segunda, que es la que pude ver de principio a fin.

Víctor Iriarte nos expone en esta obra una comedia en la que la religión y el funcionariado se funden en uno, con un humor algo ácido a veces y muy ágil.

El limbo ha dejado de existir y todas las almas que están por el limbo han de ser reconducidas bien al infierno o bien al cielo. Para ello, un funcionario se encarga de presentar las declaraciones en las que la cuota líquida debe ser negativa para que el resultado sea positivo para la persona.

De esta forma, se nos expone una imagen de la religión algo absurda, (que no teatro del absurdo) en la que los pecados pueden ser manipulados para parecer virtudes y así jugar en tu beneficio. La religión como una creación humana y, por tanto, sometida a todo tipo de trucos humanos. Así mismo, se aprovecha la obra para hacer una crítica al funcionariado y su sistema burocrático que todos hemos tenido que sufrir alguna que otra vez. Una burocracia tan absurda como este juicio en el que una peregrinación a Javier puede jugar en tu favor dependiendo de la forma en que lo declares.

Un Juicio Final en la era de la informática, donde Dios es el ordenador ya que, como dice el personaje “yo no digo nada, lo dice el ordenador”. El ordenador lo sabe todo... ¿Hacienda será Dios...? Quién sabe! Pero si así es, debemos saber que pronto nos tocará a nosotros el Juicio Final!

sábado, 12 de enero de 2008

Woyzeck


Ayer el grupo de teatro Caracois, bajo la dirección de Ángel Sagüés, representó en la Casa de cultura de Zizur Mayor Woyzeck, una obra de Georg Büchner que ya ha conocido varias versiones, tanto teatrales como cinematográficas e incluso musicales.

Narra la historia real de Friedrich Johann Franz Woyzeck, un joven soldado que se somete a los experimentos de un Doctor para conseguir algo de dinero para poder mantener a su mujer y a su hijo. Estos experimentos irán provocando una progresiva ‘deshumanización’ en el protagonista. En un mundo donde los demás intentan ver lo hermoso de la vida, él solo puede ver los gatos negros que se esconden en las calles. Es un hombre de clase trabajadora que está oprimido por el mundo y la pobreza hasta el punto de volverse loco. El doctor representa un estatus social superior y con moral, mientras que a Woyzeck le dice que por su pobreza, no puede tener moral ni ser tenido en cuenta, ya que es un ser inferior. Habría que verlo... porque si había alguien sin moral ese era el Doctor.

La obra está acompañada, como viene siendo habitual en Caracois, de música en directo, con un violonchelo y un acordeón, que interpretan canciones conocidas como ‘Media Verónica’ de Andrés Calamaro, una comparación con la mujer de Woyzeck, una pecadora que ruega cambiar de vida y ser mejor. Para ello ansía poder, dinero, un estatus social superior al que tiene con su marido. Alega que si la pobreza no le invadiera, podría ser mejor persona. Es un reflejo de lo que la sociedad le hace pensar: si eres pobre, no eres bueno, no tienes moral, no te puedes salvar. Pero, ¿cómo era aquella famosa frase de aquél líder de hace unos 2008 años? “Antes entrará un camello en el ojo de un alfiler, que un rico en el reino de los cielos”.

Considerada precursora del estilo expresionista alemán, es una obra muy recomendable, con un grupo que cada vez está teniendo más fuerza en los teatros navarros e incluso fuera de ellos, y con varios premios a la espalda.

"Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los ningunos, los ninguneados, muriendo la vida, jodidos, rejodidos. Que no tienen nombre sino número. Que no figuran en la historia universal sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata". Eduardo Galeano.



viernes, 23 de noviembre de 2007

La Sirena Varada, Alejandro Casona


“La sirena varada” es una obra de teatro escrita por Alejandro Casona en la época de preguerra. La crítica acusó a Alejandro Casona de defender una evasión de la realidad en un momento en el que precisamente se necesitaba todo lo contrario. Sin embargo, esta obra no es en absoluto escapista sino que plantea demostrar como esta fantasía está abocada al fracaso.

“No soy escapista que cierra los ojos a la realidad circundante... lo que ocurre es, sencillamente, que yo no considero sólo como realidad la angustia, la desesperación y el sexo. Creo que el sueño es otra realidad tan real como la vigilia”.

En “La sirena varada” un grupo de personajes pretende huir de una realidad decepcionante y dolorosa, creándose su propio refugio: un lugar en el que inventar una nueva vida, sin razonamientos ni disciplinas, que solo obedezca al poder de su imaginación.

“Encuentro que la vida es aburrida y estúpida por falta de imaginación. Demasiada razón, demasiada disciplina en todo. Y he pensado que en cualquier rincón hay media docena de hombres interesantes, con fantasía y sin sentido, que se están pudriendo entre los demás. Pues bien; yo voy a reunirlos en mi casa, libres y disparatados. A inventar una vida nueva, a soñar imposibles. Y todos conmigo, en esta casa: un asilo para huérfanos de sentido común”.


Un fantasma que quiere ser jardinero pero se entera de que está muerto y es Napoleón, una sirena que sale del mar en busca de su amado, un árbol imaginario que siempre se pone en medio, o un pintor con los ojos vendados son algunos de los personajes de este mundo irreal. Pero cuando se meta el amor de por medio, todo empezará a cambiar, porque cuando queremos a alguien, queremos saber la verdad y no vivir de sueños.

“Te quise al principio, porque parecías un sueño, y ahora me da miedo pensar que de verdad no seas más que un sueño y que te desvanezca la luz. Y es que te quiero... ¡Te quiero como no me imaginaba capaz de querer a nadie, con toda la fuerza de mis entrañas! Pero ¿quién eres?, ¿cómo eres de verdad?”.

Sirena es una mujer que, golpeada por la cruel realidad que le rodeaba, decidió refugiarse también en un mundo de fantasía. A lo largo de la obra, el único personaje que intenta devolver a la realidad a los demás es Don Florín, una persona que no entiende ese mundo de fantasía y que se propone curar a Sirena de su “locura”.

“- ¡La vida es tan piadosa con ella! Le dio, a cambio de esto, todo un mundo de fantasía para refugiarse en él. ¿Por qué se lo quita usted?
- Porque es mentira.
[...] – Mentirle, no; por dura que sea la verdad, hay que mirarla de frente. ¿Me oye Daniel? Por dura que sea. De nada sirve vendarse los ojos.”

El camino más fácil es huir de la realidad y refugiarte en un mundo de sueños. Es tan fácil como cambiar de canal cuando dan una noticia que no quieres ver, como girar la cabeza cuando ves algo que no te gusta... Pero, ¿pensamos en los demás cuando hacemos algo así?

“La razón... ¡Cómo la pides ahora! También antes pedías la locura, y cuando la encontraste no tuviste más que instinto para volverte atrás. [...] Pero pienso en aquel tu afán de deshumanizar la vida, y mira a los demás. Lo que para ti era un simple juego de ingenio era para ellos dolor, operabas sobre carne viva. Y no viste la locura de María, ni el hambre miserable de Samy, ni siquiera la tragedia pueril de ese pobre Fantasma que tenía miedo de su propia sombra y se moría de fe por los desvanes.”

Todo el enlace entre el mundo interior de los personajes y los hechos reales del exterior se realiza a través de una manipulación simbólica de la luz. La luz, en esta obra, es un personaje más: luces verdes y rojas que representan la fantasía, el sueño, lo irreal, y una luz blanca que representa lo real (“nada de luces verdes y rojas; esta luz blanca... y el sol mejor que nada”).

“La sirena varada” se autodenomina como comedia. Sin embargo, no es un humor explícito sino más bien irónico y rebuscado. Entrambasaguas lo define como “un humorismo de líneas y tintas finísimas, cuya autenticidad y nobleza de estilo se manifiesta en esa unión del verdadero humor de lo irónico y lo poético, de lo burlesco y lo sentimental”.

“Creo que cada vez se hace más urgente llevar al teatro las inquietudes, los problemas del mundo. Así fue siempre, y hoy menos que nunca tenemos derecho a entretenernos en los laberintos estéticos del arte por el arte. Grande es ser artista; pero necesario es servir..., y el teatro puede, debe, prestar espiritual servicio.” Alejandro Casona




Sirena Varada, Héroes del silencio


"Sirena vuelve al mar
varada por la realidad
sufrir de alucinaciones
cuando el cielo no parece escuchar..."

miércoles, 14 de noviembre de 2007

La chica junto al flexo


La chica junto al flexo es, como su propio autor dice, “una obra que necesitó para ser escrita poco más de un mes y 31 años de experiencia vitales y escénicas”.

Una obra de teatro escrita por Víctor Iriarte, en la que relata la historia de un grupo de jóvenes de entre 25 y 26 años, en un entorno de ‘back stage’ de conciertos pop-rock.

Irene es una joven estudiante de doctorado en literatura, reservada, siempre a la defensiva y bastante misteriosa. Es ‘la chica junto al flexo’ iluminada por la luz de éste solo en parte, dejando oscuridad a su alrededor. Una mujer con actitud dura, incluso cruel a veces, con una fuerte coraza que protege como a su propia vida.

Comparte piso con Pedro, joven ‘guapete’, cantante del grupo musical Los Soviets. Es el prototipo de cantante que enamora a las quinceañeras. Su actitud es como la de sus amigos, sin embargo hay algo que le hace diferente. Quizá la seriedad que muestra a veces, o el intentar ponerse al nivel de Irene para poder mantener una conversación con ella. Sin embargo, no llega a conseguirlo, pero el hecho de intentarlo resulta enternecedor.

Sus amigos son los típicos coleguillas que, tal como dice Irene: “nunca he dicho que seas un ignorante. Ni Luis o Pau. Pero hay una cosa que me desagrada profundamente. Que os pavoneéis de vuestra ignorancia. Que presumáis de no saber nada; que descalifiquéis a la gente que hace o dice cualquier cosa interesante”. Sus intereses básicamente son la música, los coches, el alcohol y las mujeres (mujeres de ombligo, tanga ‘azul cielo’ y demás...).

Quizá sean personajes demasiado prototípicos, pero desgraciadamente existentes. En cuanto a Luis, amigo de Pedro, a pesar de su forma de ser, de sus bromas y estupideces, se le entreve una persona legal, de confianza, y un poco tonto que se deja llevar por los demás. Y eso es lo que hace que Irene se apoye en él y le coja cariño.

Según dice el propio Víctor Iriarte en la introducción, con esta obra “quería trasladar al ambiente juvenil ciertos mensajes que pienso que hoy están completamente fuera de onda: el deseo de saber para no dejarse manipular, la apuesta por superar las dificultades sin hacer pucheros, la ética del trabajo bien hecho, el esfuerzo honesto por construirse un lugar en el mundo... En definitiva, el rechazo de la mediocridad”.

Pero en ese intento de reflejar el ambiente juvenil cae en expresiones forzadas, que no encajan del todo bien en el entorno de los personajes (“Mola mogollón” o “pero entonces me estaba metiendo pastillas a mogollón”).

A lo largo de la obra consigue que la trama te enganche. Sin embargo, hacia el final, cuando el misterio se resuelve, cae en un momento de ‘ñoñería’ extrema que desaparece con la última escena, haciendo que no nos quedemos con ese sabor de boca empalagoso. La conjunción de personajes del presente y el pasado en una misma escena, diferenciados por la luz y su estatismo, le da un toque narrativo muy bueno y compensa otras partes más sencillas.

Espero con ganas el momento en el que se represente esta obra, porque estoy convencida de que pronto la podremos ver en los escenarios. Y, de hecho, creo que ganará más al ser representada.